top of page

Cuando el laboratorio nunca duerme: la IA se muda a la ciencia (y Europa quiere su sitio en la mesa)

La próxima ventaja competitiva no vendrá de “tener IA”, sino de convertirla en una máquina que aprende cada día, conectada a experimentos reales.


Instagram :@jguaqueta

Tiktok: @jguaqueta


Nvidia y Eli Lilly acaban de ponerle precio (y ambición) a una idea que lleva tiempo flotando en el sector: el descubrimiento de fármacos ya no va a ser una secuencia lenta de hipótesis, pruebas y espera, sino un bucle continuo donde la computación y el laboratorio se retroalimentan. Han anunciado un laboratorio conjunto de innovación en el Área de la Bahía de San Francisco, con una inversión de hasta 1.000 millones de dólares en cinco años, para acelerar el desarrollo de medicamentos con modelos de IA y experimentación continua. Si lo piensas, es un cambio de “proyectos” a “sistema operativo”: no se trata de usar IA puntualmente, sino de construir una fábrica de aprendizaje que pueda iterar sin parar.



¿Por qué te debería importar? Porque cuando una farmacéutica y una empresa que domina la infraestructura de IA se sientan juntas, el resultado no es solo un nuevo fármaco “más rápido”: es un nuevo estándar de cómo se produce conocimiento. En vez de depender de ciclos de I+D que tardan meses en dar feedback, la promesa es acercarse a un modo de trabajo en el que el modelo propone, el laboratorio valida, los datos vuelven al modelo… y el equipo decide con más información y menos intuición. Eso desplaza la ventaja competitiva desde “quién tiene más ideas” hacia “quién aprende más rápido”. Y cuando el aprendizaje se convierte en rutina, aparece algo poderoso: la posibilidad de explorar más caminos a la vez, descartar antes, y llegar mejor preparado a las fases caras y críticas.



Este movimiento también deja una pista sobre el futuro de muchas industrias: la frontera no está solo en el algoritmo, sino en la conexión entre software, datos y mundo físico. Por eso se habla de experimentación 24/7 y, en paralelo, de robótica y gemelos digitales para optimizar procesos (no solo en investigación, también en producción y operaciones). Traducido a lenguaje de negocio: menos cuellos de botella, más trazabilidad, decisiones más rápidas y una organización que se vuelve “compuesta” por capacidades que antes vivían separadas. La IA deja de ser un departamento o una herramienta, y empieza a parecerse a una cadena de suministro… pero de descubrimiento.



Y aquí es donde Europa entra en la conversación de forma muy concreta. Los días 28 y 29 de enero, Madrid acoge Science for Industry 2026 (S4i), impulsado por la Universidad Autónoma de Madrid, en La Nave. El evento se presenta como un punto de encuentro de deep science y transferencia tecnológica, reuniendo universidades, empresas, startups e inversores de más de 30 países, con foco en energía avanzada, biotecnología industrial, salud y aeroespacial. Si Nvidia+Lilly representan el “laboratorio que escala”, S4i es el “mercado donde esas capacidades se vuelven industria”: donde la ciencia deja de estar encerrada en papers y empieza a convertirse en producto, colaboración y tracción.



La reflexión para cerrar la semana es simple: estamos pasando de la innovación como evento (una gran idea, una gran patente, un gran anuncio) a la innovación como flujo (equipos, datos, iteración, transferencia). Quien domine ese flujo dominará la velocidad. Y la velocidad, en salud, energía o industria, no es un capricho: es vidas, competitividad y soberanía tecnológica. La pregunta ya no es si la IA “ayuda”; es quién está construyendo la línea de montaje del descubrimiento y quién se está quedando como espectador.


Noticias de la semana

• S4i 2026 posiciona Madrid como punto de encuentro europeo de ciencia profunda y transferencia tecnológica, conectando actores de más de 30 países y mostrando innovaciones listas para el mercado.


• La alianza Nvidia–Eli Lilly refuerza la tendencia de colaboraciones “Big Tech + ciencias de la vida”, donde la infraestructura computacional y los datos biomédicos se vuelven una ventaja estratégica.


• Crece la conversación pública sobre cómo acelerar la llegada de la ciencia a la sociedad: no solo financiación, también puentes entre laboratorio, industria y talento.

Referencias










bottom of page